Dicen que nadie muere de amor, quizá no literalmente, pero se muere de amor cuando a quien amas no te corresponde, y empezas a perder la alegría por vivir, te cuesta demasiado esfuerzo poner un pie abajo de la cama para empezar el día, la lucha no se disfruta, los colores se tornan grises, te alejas de la lluvia, no logras concentrarte en nada, repetis su nombre una y otra y otra y otra vez, miras su foto y empiezas a llorar.

Morir de amor, es no conciliar el sueño, es fijar la vista hacia un punto sin entender nada de lo que pasa alrededor, es rezar para que el mundo deje de girar, es volverse silencioso, es dejar de peinarse, es olvidarse de la propia apariencia, es bajar el rendimiento, es no saber si entendiste todo cuanto te quise, es despertarse a media noche angustiado sin saber
porqué.

Morir de amor, es arrancar una flor para deshojarla, es guardar coraje, desesperación, enojo, rabia, sin saber porqué, es llorar a plena luz del día, es agarrar el teléfono y marcar su teléfono y colgar antes de que suene,
es escribirte cartas que nunca leerás, es beber alcohol a cualquier hora del día para perder la poca consciencia que queda, es ver como las fuerzas se agotan, es no pensar, no razonar, es no caber en ningún lado.

Morir de amor, es hacerlo lentamente en agonía, es sentirse incompleto, roto, desgarrado, sin importar que sea día o noche, verano o invierno, todo da exactamente igual, las horas pasan despacio y vos solo quieres que pase rápido que todo se termine.

Morir de amor, es no tenerte ya a mi lado, es el dolor más fuerte que se pueda sentir, es comprender que a otro será a quien le des tus besos y de solo pensarlo sentir que los celos te consumen la piel hasta las cenizas,
es buscarte cada noche sin encontrarte, es maldecir mi existencia, es decir tu nombre cada vez con menos fuerza, que se me haya borrado el futuro, es tener miedo, tanto miedo de seguir despertando sin que estés conmigo, es vivir en la obscuridad, en el frío eterno, en un hoyo sin salida, morir de amor es una cárcel de recuerdos.